El ángel de la
muerte extenderá sus alas para provocar dolor y sufrimiento.
Capítulo 4.
El ángel de la muerte.
En
el Hospital Central de Alemania los médicos acaban de perfeccionar un método en
las cirugías a corazón abierto que reduce el riesgo en la cirugía y del
paciente, la noticia se hace pública y los medios ponen toda su atención al
hospital que de ahí en adelante se convierte en uno de los mejores hospitales
del país, la publicidad es buena y en la mayoría de los casos la gente es
salvada.
En
una noche de lluvia uno de los doctores se quedó en una cirugía, era un hombre
de casi cincuenta años, su cabello ya estaba encanecido y su rostro completo de
arrugas mostraba un rostro afable; el doctor logró salvar al paciente y se fue
a descansar en las habitaciones de los internos sin antes sacar un cigarrillo
de su bata y fumarlo. Horas más tarde dos internos fueron a descansar, hablando
del siguiente turno y platicando de las enfermeras jóvenes, estaban felices,
despreocupados, y al entrar a la habitación no notaron nada raro, excepto que
uno de ellos se resbaló con algo y el extraño olor a humo; y fue entonces
cuando uno de ellos perplejo salió corriendo gritando por todo el hospital y su
compañero se desmayó en la escena al ver cerca de un camastro estaba el cuerpo
del doctor que manaba una gran cantidad de sangre por la boca.
El
detective Seijiro Yamada
había renunciado a su puesto, había vendido su casa y su auto, todo para formar
parte del equipo de Saya. Habían pasado unos días relajándose en Kioto y ahora
se encuentran en Okinawa. Se encontraba en la playa con Ami
que vestía un traje de baño de color rosa con encajes, y él vestía un pantalón
corto negro y una camiseta azul.
-
Este
lugar es genial, playa, sol, comida y chicos guapos.
-
(suspiro)
-
¿Qué
le pasa Sr. Yamada?
-
Bueno,
es que pensé que después del caso trabajaríamos en otro.
-
¿Usted
no toma vacaciones?
-
Eh…
si, cuando me las daban en la oficina pero…
-
Este
trabajo es un poco más relajante que el que tuvo, nos hacemos cargo del caso y
luego descansamos hasta que se presente otro. Ese es el protocolo.
-
Ah,
vaya.- escucha que alguien les llama.
Seijiro voltea y se
queda perplejo al ver a Saya, un bikini negro con flores blancas, una falda que
se había hecho de tela blanca y transparente, unos lentes de sol (olvidando los
que siempre llevaba), y un sombrero de grandes solapas y blanco. Se acerca a
ellos con una gracia que él no había visto antes.
-
Saya
que bien luces.- dice Ami poniéndose entre Saya y Seijiro.
-
(suspiro)
Mejor no digas nada que traigo malas noticias.
-
¿Qué
clase de noticias?
-
Tenemos
un caso importante, así que tenemos que irnos ya.
-
¿Y
donde es?
-
En
Alemania. Necesito que hagas las reservaciones para el primer vuelo.
-
Entendido,
iré enseguida.
-
Bien.-
mira de reojo a Seijiro.- Y tú ¿qué tanto me miras?
-
(////)
¿Yo? ¡Nada, nada!
-
Regresemos
al hotel, tienes que empacar y de camino les diré de qué trata el caso.
-
(///)
Si.- camina forzosamente.
-
Creo
que el calor le coció el cerebro.- dice Saya.
-
¿Segura
que fue el calor?- menciona Ami que estaba ahí.
-
Pensé
que ya te habías ido.- su mirada es demasiado fría y penetrante y Ami asustada huye de esa mirada.
-
¡Ya
voy!- cuando Saya se queda sola sonríe.
En
el avión Saya le mostraba a Seijiro el nuevo caso, él
estaba en parte aliviado por no tener que ver más el bikini que fue sustituido
por un traje formal de pantalón y saco gris y una blusa negra, los lentes
amarillos estaban en el bolsillo interior y aunque se veía elegante algo le
hacía ver un poco informal y rebelde.
-
(///)
“Gracias al cielo que ya no viste el bikini”.- una carpeta cae en sus piernas y
le saca de sus pensamientos.
-
En
el Hospital Central de Alemania han ocurrido una serie de asesinatos, dos
doctores y una enfermera fueron hallados muertos en lo que va del mes dentro de
las instalaciones del hospital, los doctores tienen miedo y han pedido a la
policía investigar a fondo, lamentablemente no han encontrado nada que vincule
a un supuesto sospechoso. Las muertes son lo interesante según me informan, no
me han podido enviar las fotografías ya que este caso debe permanecer en
secreto.
-
¿Por
qué en secreto?
-
Se
debe al hospital, se ha vuelto muy famoso y tiene un gran apoyo del gobierno, y
si se enteran los medios que alguien del hospital está involucrado perderá los
fondos que les otorgan y la credibilidad en la sociedad médica; hay muchos
doctores que han salvado innumerables vidas en procedimientos que hace apenas
unos años eran imposibles, por eso nos piden absoluta discreción. ¿Qué opinas del
caso?
-
Mmmm….- miraba el
informe y se impresionaba en la forma en
la que murieron los doctores, también que llegaron a poner vigilancia afuera
del hospital pero entre la vigilancia hubo una muerte y nadie entró o salió del
lugar. Es obvio que es alguien de dentro.
-
Por
eso quieren absoluta discreción…. Si es un paciente o en otro caso un médico o
enfermera el hospital no querría involucrarse. No podemos confiar nadie del
personal.
-
Entiendo.
Al
llegar a Alemania un auto ya les estaba esperando, dentro sale un hombre
maduro, de escaso cabello negro y con algunas arrugas en los ojos, les sonríe.
-
Jan.
-
Amelie.- responde el
hombre y Seijiro queda un poco confundido.
-
Él
es el Krimminoloberkommissar Jan
Brauner. Es un viejo amigo y es jefe de la sección de
KriPo en Alemania.- el comisionado se acerca dando un
gran apretón de manos a Seijiro y saludando
cordialmente a Ami.
-
Es
un placer conocerlos.
-
Igualmente.-
responde Seijiro.
-
Jan, déjame presentarte a mi equipo,
Julie Herrington y Ken Matsui.
-
Ya
veo, y dime, ¿qué tanto sabes del caso?
-
“Este
tipo no pierde tiempo”- piensa Seijiro.
-
Sólo
lo que dicen los expedientes.
-
Si
deseas más información…
-
Gracias,
lo tomaré en cuentas.- dice en un tono tajante y seco.- Nos dirigiremos a la
escena del crimen, luego iremos a un hotel que se encuentra cerca de Blankenese, está cerca de la bahía y ahí cerca hay un viejo
faro, la vista es hermosa y la comida es deliciosa.
Ya
estaban abordando el auto del KriPo, Seijiro puso las maletas atrás y subió en la parte de atrás
con Ami, en su viaje vio que la ciudad era muy
hermosa y estaba deseoso de quedarse ahí unos días o incluso semanas, pero el
caso era primero, “Dos doctores y una enfermera, todos muertos de formas
sumamente horribles, sería un paciente, doctor o personal del lugar…”.
Llegan
cerca de la entrada del hospital y se encuentran con varios reporteros en la
entrada junto con dos camionetas de alguna televisora.
-
Creo
que llegamos en mal momento.- dice Brauner y se aleja
del hospital.
-
¿Deseas
que investigue algo?- dice Ami que parecía una niña
impaciente, Saya le responde.
-
Si,
los nombres de los doctores y pacientes que ingresaron desde hace un mes antes
de que empezaran los asesinatos.
-
OK.-
se queda perpleja un rato.
-
Pusiste
tu laptop en la maleta.- dice Saya con un tono áspero.
-
Si…
-
(suspiro)-
Jan ríe entre dientes y Seijiro
sonríe un poco.
Llegan
a un hotel, bajan del auto, sacan su equipaje y se despiden. Ya en la recepción
estaban listas sus reservaciones y cada quien fue a su habitación, después Seijiro fue a la habitación de Saya.
-
Entra.-
entra y ve a Saya sin el saco y en la terraza.
-
Saya,
acerca de los nombres…
-
Es
para mantener nuestra identidad.- dice mirando el faro de la bahía.- ¿Qué
pasaría si alguien supiera tu identidad y usara la información que hay sobre
ti?
-
Eso
no era lo que te quería decir, sólo te quería pedir que para el siguiente caso
si tenemos que cambiar nuestros nombres me gustaría que me lo consultaras
primero.- ella sonríe.
-
Captado.
-
Y
una cosa más; cuando te presentaste como Saya…
-
No
es mi verdadero nombre.
-
¿Y
cuál es?
-
¿Acaso
no recuerdas lo que te dije cuando nos conocimos?
-
Que
sabría tu nombre y tu edad, pero si me mientes con el nombre…- una sonrisa
aparece en su rostro.
-
Está
bien, lo siento, pero no te preocupes, tú me llamas Saya y Ami
me conoció igual que tú con el nombre de Saya.
-
Pero
tú nombre…
-
Eso
no tiene importancia, ven vamos a conocer la ciudad, tengo hambre y me gustaría
pasear un poco.- le toma del brazo y se marchan.
Los
restaurantes alemanes son muy distintos a cualquier otro, la mayoría tienen
objetos de las guerras, como si al entrar quisieran que todos recordaran el
gran pecado que cometió Alemania con miles de personas; también los litros y
litros de barriles de cerveza que acomodan y sirven a los clientes y por
último….
-
….-
traga con dificultad y sus ojos muestran cierto desconcierto.- “Pero que
rayos…”
-
Seijiro.- la voz de Ami le saca de su letargo.- ¿No vas a comer?
-
Eh…
creo que sólo tomaré café.
-
Pero
si está rico.
-
Bueno
es que…- miraba su plato, era una especie de salchicha blanca arrugada, con una
especie de caldo o salsa con grumos y puré de patatas casi enteras con una
salsa parecida; la salchicha le recordaba a una oruga que atrapó cuando era
niño.- (gota de sudor) La verdad no tengo mucha hambre.
-
Cobarde.-
le dice Saya que le mira de reojo.- Sabe delicioso y es un platillo muy
completo, más te vale comértelo porque odio que se desperdicie la comida.
-
Si
quieres te pago el plato.
-
¡Con
qué dinero! Recuerda que yo soy quien te pago.
-
Pero…
-
¡No
seas niño y comételo!- toma un trozo de la salchicha y la acerca a la boca de Seijiro, él le toma el brazo pero aún así necesita más
fuerza.
-
“Pero
de dónde saca esa fuerza”.- en eso siente un dolor en la pierna y la salchicha
entra. La mastica un poco, empieza a saborearla y al final se la traga.-
Delicioso.
-
Ves,
te lo dije.- dice Ami que se sirve otro trozo.
-
Mmm….- come más.- Rico, aunque aún
me duele la patada que me diste Ami.
-
(///)Pero
está rico.- responde apenada.
-
…
Los dos son unos niños.- dice Saya que toma una vaso con agua.
Después
de comer se dirigieron al centro, allí cerca había una plaza justo enfrente de
las boutiques, Ami se probó varios vestidos y
zapatos, parecía una niña; también Seijiro tuvo que
comprarse un traje nuevo que le sería descontado de su próximo pago; estuvieron
en la plaza paseando y Seijiro y Saya se sentaron en
una banca para esperar a Ami que había visto otra
boutique.
-
Esta
niña me llevará a la quiebra.- dice en tono de broma.
-
Esta
feliz, se nota a primera vista que es la primera vez que visita Alemania.
-
Tienes
razón.- posa su vista en una esquina de la boutique, allí había una mujer
vestida con una falda de piel negra y un escote rojo, se veía mayor de edad.-
Qué me dices de esa mujer.
-
¿Cuál?
¿la de la esquina?- asiente con la cabeza.- Pues se nota que es una prostituta,
debe tener entre 25 y 35 años, es difícil saberlo por el estado en que está, de
seguro bebe y fuma e inclusive se droga.
-
¿Cómo
sabes que se droga?
-
Hay
un pañuelo con manchas de sangre saliendo de su escote, de seguro inhala heroína
y ha llegado a un extremo que su sentido del olfato desapareció por las toxinas
quemando por dentro el tejido haciendo que sangre.
-
Buena
observación, espero que seas tan bueno como para determinar quién es el
asesino.- los dos se miran por un momento, en eso llega Ami
gritando.
-
¡Adivina
qué te compre!- se dirige a Saya y de una bolsa saca un vestido rojo.
-
(gota
de sudor) Oooh… bueno…- lo toma con ambas manos y se
lo pone a Seijiro enfrente.- Mmmm…
Creo que no es tu color.
-
¡Eh!-
las dos se ríen y el al captar la broma también se ríe.
Entrada
la noche Brauner los recogió del hotel y los llevó al
hospital donde hablaron con el director Heinsberg.
-
Así
que lo que me piden es que no acepte a más pacientes en lo que dura la
investigación e informar entrada y salida de mis doctores.
-
También
queremos completo acceso a expedientes si no le molesta.- dice Brauner.
-
Bien,
pero espero que nadie de la prensa averigüe que policías extranjeros vienen a
mi hospital para…- Seijiro le interrumpe.
-
No
se preocupe, que de nosotros no saldrá palabra alguna.
-
Pues
más les vale.
-
También
necesitaremos hablar con los médicos en turno.
-
Hagan
lo que quieran.- al salir de la oficina y dirigirse a la recepción del hospital
Brauner se adelanta con Saya.
-
Al
director no le interesan las muertes de su personal a menos que eso acabe con
el prestigio del hospital.
-
Mientras
haya más escándalo menos dinero del gobierno recibe.- Ami
entra luego en la conversación.
-
Eso
sin contar a los pacientes, este hospital ha operado y ayudado a muchos
personajes importantes del país y del extranjero.- Seijiro
le sigue.
-
Debemos
interrogar a los médicos por si han visto alguna actitud sospechosa tanto en
los pacientes como entre compañeros, aunque aún así debemos investigarlos a fondo
ya que entre ellos se pueden cubrir las espaldas.
-
¿Quién
querría cubrir a un asesino?- pregunta Ami.
-
Sería
alguien que ganara algo a cambio.- responde Saya.
Al llegar a la recepción una mujer estaba
agradeciéndole a un médico el haber salvado la vida de su marido. Era un médico
joven y de buena apariencia, cabello y ojos castaños y la ujer
se veía muy humilde con un vestido largo y una pañoleta en el cabello. Brauner llega con la enfermera en turno.
-
Necesito
que cite a los doctores en turno señorita.
-
¿Pero
de qué está hablando?
-
Soy
policía.- le enseña la placa.- Si tan amable de llama a los médicos de la lista
uno por uno para interrogarlos.- le muestra la lista de registro y ella lo hace
de mala gana.- Por favor, que pasen al consultorio que está por el pasillo.
-
Si
señor.- el joven médico se acerca a ellos.
-
Perdonen
las molestias pero ustedes son los que investigarán los asesinatos del
hospital, no es así.
-
Si.-
responde Seijiro.
-
Si
sospechan de alguno de los médicos les aviso que no conozco a nadie con
intención de matar a un compañero. Todos aquí nos respetamos mucho y…- Saya
levanta la mano.
-
Le
agradezco su punto de vista doctor…
-
Leo
Pablev
-
Italiano.-
confirma Saya.
-
Si.
-
Bueno
doctor Pablev, haremos nuestro trabajo y si alguien
de aquí no es sospechoso se lo haremos saber a su director.
-
Oh,
ya veo.- se escuchó algo de resignación en su voz.
-
Y
por cierto, felicidades por haber salvado al marido de esa mujer, ¿cuál era su
estado?
-
El
hombre había caído de una construcción, presentaba un derrame cerebral severo.
-
Una
difícil operación, felicidades.
-
Gracias.-
sonríe el doctor.
En
ese momento llega otro médico y Brauner lo dirige al
consultorio donde sería el interrogatorio, el médico pasa a lado del doctor Pablev no sin antes dirigirle una mirada fría y hostil.
-
¡Eh,
Leo!- otro médico aparece, este tenía la cara redonda, tenía el cabello rizado
y rubio, debía tener unos cuarenta años.- Vamos, que te toca pagar la ronda en
la cafetería.
-
Sí,
claro.
-
Fue
un placer haber hablado con usted doctor, con permiso.
-
Pase
usted.- se dirige con Ami y Seijiro.
-
Necesito
que investiguen a ese doctor, algo me dice que tiene mucho más que decirnos.
-
Lo
dice por la forma en que el otro médico le miró.- dice Seijiro.
-
Exacto,
te dejo con Brauner para que hagan el interrogatorio,
Ami y yo investigaremos todo lo que podamos.
-
¿Te
vas?
-
Odio
los hospitales, me ponen de mal humor.
-
Entiendo,
suerte.
-
Que
te vaya bien.- se despide Ami y se marchan.
Al entrar al consultorio sabía que algo ahí no
iba a terminar bien y, sabía que alguien más iba a morir, sólo era cuestión de
tiempo para que quién fuera matara al siguiente médico o enfermera. Pero había
una pregunta importante de por medio “¿Por qué?”