No importa cuánto tiempo pase,  el pecador no podrá salvarse… ellos pagarán.

 

Capítulo 3.

Herencia.

 

Un hombre con una segueta sangrante estaba detrás de Seijiro y Saya, poco a poco el olor a sangre empieza a llenar la pequeña habitación… cuando Seijiro iba a desenfundar su arma Saya le detiene.

-          Le estábamos esperando, Sr. Amano Koichi.- el anciano le responde  dejando la segueta a un lado.- una voz grave y áspera responde.

-          ¿Quiénes demonios se creen ustedes para invadir mi casa?

Al voltear y verlo bien, parecía un viejo decrepito, delgado, sin cabello y con una gran mancha hepática en la calva; vestía con un kimono azul, y en su mano, estaba el cuerpo de un conejo de campo. Le explicaron que venían de la policía, el hombre seguía en una postura muy seria, salió y le siguieron afuera donde el viejo empezaría a quitarle la piel al conejo.

-          ¿Y qué quiere la policía aquí?- Seijiro le responde.

-          Venimos por el caso de su hija Sr. Amano.- el anciano siguió en su labor, como si le hubieran hablado al viento que a él.- Encontramos pruebas de que su hija fue atacada cuando vino a visitarlo.- el hombre no se detuvo en su labor.

-          Como ya le dije a la policía, yo no sé nada.- Saya entra en el interrogatorio.

-          Lo sabemos, leímos el reporte.- el viejo le lanza una mirada envenenada.- Pero me parece curioso que un padre no se conduela de la muerte de su hija, ni pregunte de qué forma fue atacada.

-          …Ya no me queda nada en este mundo.- dice en un tono lastimero pero se vuelve agresivo.- Y porqué he de llorar por una hija que no es mía.

-          ¿No es suya?

-          No.- el hombre deja el conejo a un lado, va a un tronco y toma un hacha que estaba clavada en esta.- Mi mujer me fue infiel muchas veces, así que, cuando ella nació sabía que ella no era mi hija.

-          “¿Infiel?”- se dice Seijiro a sí mismo.- “Tal como en la historia”

-          ¿Y qué hay de su nieta?- dice Saya mirándolo fijamente.

-          Como no tengo hija, no tengo nieta.- el viejo hablaba con un tono frío y despreciativo.- Ahora no me quiten más tiempo, tengo mucho que hacer.- cuando hubo acabado con el conejo, lo puso en un gancho para que se desangrara por completo, iba a entrar a la casa cuando Seijiro le habló.

-          ¿Usted la amaba?- dice Seijiro.

-          ¿Qué?- el anciano voltea un poco la cabeza.

-          A su esposa, ¿usted la amaba?- tarda en responder a la pregunta.

-          Con toda mi alma, era lo más importante en mi vida.

-          ¿Tanto como para herirla?- el viejo voltea para mirarlo cara a cara.

-          ¡Oh!- dice Saya como recordando algo.- Es cierto, sabemos que su esposa quemó el rostro de su hija en un “aparente” incendio, la niña sufrió graves quemaduras en la cara y creció con ellas.

-          ¡No saben si fue Ayako, eso es mentira!

-          De verdad.- dice Saya con una sonrisa en su rostro.- Pues sabemos que después del incendio ella desapareció misteriosamente.

-          ¡De seguro se fue con uno de sus amantes!

-          Enfermos de celos…- dice por sílabas Saya con un tono sombrío.

-          ¿Qué?

-          Todos en esta historia están enfermos de celos, usted, al saber que su esposa le es infiel toma justicia por mano propia, claro que es solo una suposición, pero creo que usted le hizo algo tan malo que ella al ver lo hermosa que era su hija tuvo celos de ella y por eso quiso matarla en ese incendio.

Una brisa les atraviesa haciendo que Saya se despeine y que recoja su cabellos detrás de su oreja, Seijiro ni siquiera se inmutaba escuchando la versión que Saya estaba contando e imaginándose a la hermosa mujer o lo que pudo quedar de ella tras el ataque de su esposo; y el anciano… apareció una vena que parecía que iba a estallarle en la cabeza, apretaba su puños de tal forma que temblaban de rabia, de rabia al saber que alguien como ella le hablara así.

-          Después ella desapareció, tal vez usted no pudo resistir más y la mató, pero tras el remordimiento siguió cuidando a una hija que no sabe si era suya y guardo el kimono de su esposa de forma parecida a un altar. Cuando ella creció y se curó vino a verlo, tal vez ella sabía algo y usted mismo la cortó y tras huir de usted tuvo ese desafortunado accidente.- el anciano se calmó al escuchar la última explicación.

-          Como ya dije, yo no la lastimé. Solo vino a visitarme y luego se fue.

-          Sabemos que vino a altas horas de la noche, y ¿usted sólo dice que vino a visitarlo?- interrumpe Seijiro.

-          La verdad es que yo no la herí, hay tantas bestias en este bosque que tal vez se asustó y en eso se golpeo la cara con una rama o qué se yo.- dice harto.- Y ahora, si no tienen más que hacer, lárguense de aquí.- entró a su casa y cerró dando un fuerte portazo. Saya dio la media vuelta y Seijiro la siguió, pero cuando se alejaron un poco ella se esconde tras un árbol jalándolo junto a ella.

-          ¿Qué pasa?- pregunta Seijiro en voz baja.

-          Nada, solo que este tipo sabe más de lo que queremos saber.

-          Si, a mí también me dio esa impresión.- caminan lo más callados posible entre los árboles rodeando la casa, Saya mira por una ventana y ve al anciano poner la fotografía de una mujer bellísima frente al kimono mientras hacía varias oraciones.

-          Mmm…- van de nuevo a los árboles.- Si yo quisiera esconder un cuerpo… me adentraría más en el bosque.

-          ¿Qué?

-          Solo sígueme.- dice exasperada.

Se adentraron más, sólo veían pasto, insectos y árboles, siguieron caminando hasta que Saya se detuvo en una parte elevada de tierra, algo había llamado su atención, había mucha hierba alta, excepto en el fondo, allí había rocas, empezó a arrancar parte de la hierba.

-          Pero qué haces.

-          Eres buen observador, dime qué ves.

-           “Pero son sólo rocas, todas son de diferentes formas y tamaños”- pensaba, pero llego a ver lo que Saya veía.- “Si, es verdad, pero ninguna tiene fosas nasales”. Dios mío.- dice Seijiro atrás de Saya mientras ella sacaba y revisaba el cráneo que aún  tenía restos de piel y de cabello. Saya le quito el fango que traía encima y lo colocó enfrente de ellos.

-          Creo que encontramos a Ayako.

El viento mueve las ramas de los árboles haciendo que entrase más la luz del sol, algo brilla entre el fango y ella con un pañuelo lo toma y encuentra una segueta muy antigua, y con algo adherido al filo. Suena el celular.

-          Si, diga.

-          Saya, hubo otro asesinato.- la voz de Ami sonaba alarmada.- Esta vez fue un niño.

-          Ya veo, llegaremos allá luego, y Ami, necesito que investigues asesinatos que hubo meses antes y después de que desapareciera Yukino, también quiero que busques todo sobre su escuela, si tuvo amigos y quienes fueron.

-          Entendido.- cuelga.

-          Otra víctima, pero creo que tenemos por ahora suficiente, vamos, hay que regresar ya.

-          Pero, ¿y el cuerpo?

-          Mandaremos luego a varios especialistas, además, tenemos algo más importante que hacer.

 

Llegaron a atardecer, Ami les estaba esperando con su reporte y el de la nueva víctima.

-          Un mes antes de su desaparición, una maestra fue apuñalada varias veces con unas tijeras, todo el lugar fue bañado en cloro y me refiero a bañado ya que se encontraron botellas vacías de cloro en todo el piso.

-          Entiendo…- responde Saya mirando su reporte.- Buen trabajo Ami, este es tu mejor reporte hasta ahora.- Ami sonríe.- Pero no es perfecto…- todo su mundo de felicidad se derrumba dejándola en la oscuridad.- ¡Ami!- le llama la atención.

-          ¡Ah! Perdón… después una alumna, Haraki Minako fue asesinada y su cuerpo fue encontrado en un callejón, fue golpeada en la cara varias veces con un objeto contundente, nadie encontró el arma.

-          De seguro lo tiro por el canal que está cerca de allí.- dice Seijiro revisando los papeles.- Fue en el distrito 15 de Shinjuku, en un callejón y en la calle Hirogane hay un canal de agua.

-          Buen punto. Luego un chico fue hallado muerto en la enfermería, le habían inyectado varias jeringas vacías. Y por último, Shiki Hatou, maestro de la clase que fue muerto apuñalado con unas tijeras.

-          No cabe duda.- dice Saya mirando las fotos de los crímenes.- Fue ella.- se produce el silencio y después arroja las fotos dejándolas esparcidas cerca de Seijiro.- ¿Algún conocido o amiga de la víctima?

-          Encontré a alguien.

-          Perfecto… - mira a Seijiro por un rato y luego mira por la ventana como el sol se ocultaba.- ¿Cómo murió el niño?- pregunta con un tono sombrío y autoritario.

-          Ella… le clavó las tijeras en su rostro una y otra vez.- dice Ami tratando de no vomitar recordando las fotos que estaban en el archivo.

-          … Hay que atraparla, pronto.-susurra Saya mientras veía caer la noche.

 

La casa de Arisawa Kaori era muy linda, con las paredes de color amarilla, flores en el patio y una casa de perro a un lado. Tocan la puerta y abre una mujer de cabello corto y negro, de complexión delgada y en sus ojos se veía cierta ternura.

-          Si diga, ¿en qué puedo ayudarles?

-          ¿Arisawa Kaori?- pregunta Seijiro.

-          Ese era mi nombre de soltera, pero sí, soy yo.

-          De casualidad, usted fue amiga de Nakamura Yukino.- el miedo deformó su  bello rostro.

-          ¿Por… porqué quiere saberlo?- Saya interrumpe.

-          Lo sentimos, pero esto es de vida o muerte, y necesitamos su ayuda.

Les dejó pasar y los pasó a la sala, les ofreció algo de tomar y ellos rechazaron la invitación cortésmente.

-          Algo en mí me decía que nunca podría escapar del recuerdo de Yukino.- dijo para sí misma.

-          Señora, no queremos importunarle.- dice Seijiro haciéndola volver en sí.

-          Dígame, ¿cómo dieron conmigo?

-          Por el anuario de su escuela, cuando buscamos a Nakamura Yukino atrás del anuario había mensajes de los alumnos a sus compañeros o para los futuros estudiantes.

-          “No mires el exterior, dentro verás algo más hermoso que el oro mismo”- recita Kaori.- Lo escribí para que futuras generaciones no cometieran el mismo error que en ese entonces todos hacían.

-          Señora.- dice Seijiro con tono solemne.- Por favor, necesitamos todo lo sobre Yukino.- Kaori suspira y se relaja un poco.

-          Está bien, pueden hacerme las preguntas que quieran.

-          Empecemos con que nos diga todo lo que sabe.

-          Bueno, Yukino siempre fue una niña callada, yo me hice su amiga, su única y mejor amiga en la primaria, todo estaba bien, no le importaba tanto su aspecto, pero cuando entró a la secundaria todo empeoró. Inventaron una historia de ella, que si se quitaba el tapabocas te comería con su gran boca; su boca era un poco más grande debido a las quemaduras de ácido.

-          Sabe que fue su padre quien hizo eso.- habla Saya.

-          … Si, ella me lo dijo, por eso se quedaba a dormir en mi casa la mayoría de las veces, inclusive mi mamá la instaló en el cuarto de huéspedes. En fin, los niños se burlaban de ella, las chicas eran malas y crueles e inclusive uno que otro profesor, muchos no la querían ni ver y francamente llegué a pensar que un día se suicidaría. Pero un día, se supo de la muerte de la maestra de deportes, esa mujer la trataba mal y nadie hizo nada por ella, inclusive yo, todos nos mortificamos y cuando la vi a ella…. Juraría que debajo del tapabocas reía.- la imagen de la niña llega a las mentes de Saya y Seijiro.

-          “¿Sería posible que su maltrato llegara a tanto?”.- se decía Seijiro imaginándose cada posible escena de maltrato.

-          Después ya no tuve más dudas cuando dos compañeros murieron, un chico que le molestaba demasiado, la insultaba y tiraba sus cosas, y una chica que hacía tantas cosas horribles…. Y nadie hacía nada para defenderla.- una lágrima apareció pero la limpió rápidamente.- Perdón, es que sólo de recordarlo, si hubiéramos hecho algo por ella tal vez eso no hubiera pasado. Pero… el profesor sólo quería ayudarla…. ¿porqué tuvo que matarlo?-no pudo contener más el llanto.

 

Después de que se tranquilizó decidieron dejarla sola, ella pidió disculpas varias veces cuando salieron, se despidieron y le dijeron que tuviera cuidado, Saya le dejó una tarjeta con su número telefónico si se le ofrecía algo, o inclusive si recordaba un detalle que se le haya olvidado comentar. Cuando se marchaban, Seijiro le pareció ver en la esquina de la calle a una persona con algo en la mano… unas tijeras que se abrían y brillaban a la luz de la luna, pero al parpadear no había nadie y se tranquilizó.

 

De vuelta al hotel Saya permanecía sentada en una silla, observando la nada y divagando en sus pensamientos. Ami miraba el televisor y Seijiro observaba cada crimen una y otra vez.

-          Es obvio que sus blancos son los niños y adolecentes. Tiene un fuerte trauma y se desquita de todos ellos recordando su infancia; las burlas, los golpes, las humillaciones llegaron a tal punto que no pudo más y la única forma era eliminar a los causantes de su dolor. Pero ¿por qué el maestro?

-          De seguro él intentó ayudarla pero se asustó y no tuvo más remedio que matarlo.- dice Ami mientras tomaba un vaso de limonada.

-          Mmm…- Saya casi no le prestó atención.

-          ¿En qué piensas?- Saya se levanta y se dirige a la ventana.

-          Mato a su padre, mató a sus compañeros y a sus maestros. Todo eso… su abuela asesinada… enfermos de celos… su madre muerta…- estaba divagando.

-          … Saya.- se iba a acercar cuando Ami le detiene.- ¿Ami?- ella mueve la cabeza diciendo que no.- …

-          … Ella lo sabía.

-          ¿Qué?- dice confundidos.

-          Ella debió saber lo de su madre, algo raro le pasó a su madre, su actitud, sus miedos, de seguro se enteró del asesinato de su abuela y que su madre tal vez no era hija de su abuelo… no puedo saber cómo pero lo sabía. Después su padre se enteró también, y de seguro pensó que esposa también le habría engañado de alguna forma, por eso la atacó.

-          Pero ¿cómo?- pregunta Ami.

-          De seguro fue a visitar al viejo, y él le dijo la verdad de su esposa, ¿por qué no pensar que madre e hija eran parecidas?- todos se quedan analizando la situación, era lo más convincente desde que iniciaron la investigación.- Esta enferma de venganza, canaliza su ira hacia blancos que le recuerdan su dura niñez… pero me pregunto, ¿por qué sabiendo que el abuelo causó parte de sus heridas no lo ha matado aún? Será que lo deja para el final…

 

Para el siguiente día, apareció en las noticias el jefe de policía pidiendo la cooperación de la ciudad, Saya le había pedido a la policía que hiciera al fin la noticia pública. El jefe de policía la describió físicamente y añadió: “Esa mujer sufre una deformación en la boca así que nunca se quita el tapabocas, por favor, si tienen información que puedan ayudarnos hagan favor de llamar a la policía”.

Apareció una llamada y otras más, pero encontraron la ayuda que querían.

Media hora después la policía estaba enfrente de los departamentos Nishiya, el casero había dicho que la inquilina era una mujer con un tapabocas y que actuaba de manera extraña. Llamaron a la dueña… Amano Ayako. Seijiro estaba dispuesto a entrar, nadie contestó y tiraron la puerta, todos revisaron las habitaciones y no se encontraba. Seijiro entró y revisó casa habitación, cada una tenía algo peculiar, el espejo del baño estaba lleno de cinta adhesiva metálica, al abrir los gabinetes de la cocina vieron que las ollas estaban cubiertas de hollín, solo el fondo estaba limpio y al revisar su habitación encontraron los restos de un espejo y en la pared estaba escrito con marcador las siguientes palabras:

Mujer.

Estudiante.

Estudiante niña.

Niña.    Mujer.

Niño.

Mujer.

Viejo.

 

Seijiro examinó cada palabra.

-          “Veamos… están ligadas con las víctimas, las subraya para saber a quienes ha matado, la niña fue la única que se salvó, y la Mujer y el viejo son víctimas que de seguro ella ya ha elegido… el viejo de seguro es su abuelo, pero la mujer… un momento…”- una idea llega a su mente haciendo que salga corriendo de allí.

Hace una llamada, el tono empieza a sonar y Seijiro estaba muy inquieto.

-          Si, diga.- contesta Ami.

-          ¡Ami, pásame a Saya!

-          Seijiro, pero que pasó.

-          ¡Pásamela!- ella obedece.

-          ¿Qué pasa Seijiro?

-          ¡Ella va por otra víctima y creo saber por quién!

-          ¿Otra víctima?

-          ¡Si, cuando salimos de la casa de la señora Arisawa me pareció ver algo, no le puse atención porque creí que estaba cansado por el viaje y pues…!- Saya no le dejo terminar.

-          Dirígete ahora a su casa, ordena que algunos policías se queden en la casa de Nakamura por si vuelve y ve con otros a la residencia de la señora Arisawa.

-          Entendido.

-          Seijiro

-          Si.

-          Como ya te dije, si llegabas a fallar en este caso no trabajarás para mí; este fue un error muy grande y si ella muere, no sólo no serás contratado… quedará en tu conciencia.- dice en un tono frío y despreciativo, Seijiro ya estaba cerca de su auto cuando se congeló al escucharla, después ella colgó.

 

Al llegar a su casa encuentra la  puerta abierta, la sala estaba desordenada y no había rastros de nadie. Seijiro inspeccionó cada rincón de la casa y se alegró de no ver alguna mancha de sangre. Pidió a un policía que encontrara el paradero de la familia de Kaori, al parecer esa noche su marido trabajaba hasta tarde y su hija estaba en la casa de una amiga.

-          Toda la familia está bien, lo que me preocupa es que no haya pista sobre la señora Arisawa.- estaba hablando por teléfono de nuevo. En el hotel, estaba el altavoz y podían escucharlo.

-          Debe haberla llevado a un lugar que ella conozca.- dice Ami que estaba sentada enfrente del teléfono, atrás de ella estaba Saya recargada en el asiento.

-          Un lugar en el que ella se sienta segura. Pero ¿Dónde?- una imagen aparece en su cabeza.- Sabemos que Yukino iba a casa de su amiga para resguardarse de os malos tratos de su padre, no es así.

-          Sí, tienes razón.- dice Seijiro.- Eso quiere decir que irá al único donde siempre se sintió segura, Ami, por favor, necesito la antigua dirección donde vivía la Sra. Arisawa.

-          Ya la tendrás.- dice Ami alzando el pulgar como si él la viera.

-          Seijiro, te lo encargo.

-          Si. “No voy a permitir que alguien más muera, no más… ¡nadie más debe morir!- acelera más.

 

La casa ya estaba hecha ruinas, las ventanas estaban rotas y tachadas con tablas, el jardín estaba realmente descuidado y muerto, la madre de Kaori vivía actualmente en una casa de retiro y nadie había siquiera venido a la casa, pero al entrar se notaba que la casa estaba limpia, alguien la había cuidado, aunque algunas tablas ya no estuvieran en su lugar, la casa permanecía impecable.

Unos sollozos se escuchan en la parte de arriba, en una pequeña habitación  estaba Kaori mirando a Yukino que estaba al otro lado de la habitación, tenía unas tijeras de costura en sus manos, las estaba clavando al suelo una y otra vez, a lado de ella había varias botellas con un líquido cuyo olor se revolvía en cada esquina: gasolina.

-          YuYukino.- las tijeras dejan de moverse.- Déjame ir, por favor, no diré nada, pero por favor, no me hagas daño.- la extraña figura mueve la cabeza a un lado, por un momento parecía que le colgaba.

-          Ka…ori.- dice con una voz inclusive extraña para ella misma.

-          Yukino, recuerda que fuimos buenas amigas, por favor, sabes que no diré nada.

-          M… mentira, ¡mentira!- clava las tijeras con más fuerza de tal forma que salen astillas volando, sus ojos parecían salir de sus cuencas y miraba a Kaori con cierto odio.

-          ¡Por favor, no me hagas daño, te lo suplico!- lloraba con más fuerza.

Yukino se levanto, tomó varias botellas y empezó a romperlas en el suelo, Kaori empezaba a gritar, luego, Yukino tomó dos botellas y al mismo tiempo las vertió sobre sí misma, su cabello se aplastó más y el olor era más penetrante… un ruido.

Seijiro ya estaba en la casa, entró por la puerta trasera pero no pudo evitar golpear con una sartén que estaba tirada cerca de la puerta, escuchó algo de cristal romperse arriba, subió con sumo cuidado las escaleras, siguiendo con los sollozos de una mujer hasta una habitación sin puerta; pero pudo percibir el olor a gasolina desde donde estaba, entró con el arma por delante y allí, pudo ver a Yukino sujetan fuertemente a Kaori con el brazo donde sujetaba las tijeras, la luz de la luna apenas pudo entrar entre las tablas pero se veía muy claro, al poner un pie dentro Yukino enseño que aparte de las tijeras sostenía un encendedor.

-          Nakamura Yukino, soy el detective Yamada Seijiro, la policía no tardará en venir hacia acá, así que deja ir a la Sra. Arisawa y entregate.- la figura apretó más los objetos.- Yukino.. sabemos lo que te pasó.- ella le observa con curiosidad.- sabemos lo que le pasó a tu madre, lo que tu padre te hizo, y todo lo que pasaste en la escuela, podemos ayudarte, tú estás enferma, y por eso necesitas  ayuda, vamos, déjala ir y me encargaré de darte la ayuda que necesitas, vamos Yukino.

En sus ojos había mucha confusión y dolor, unas lágrimas empiezan a aparecer y caer hasta su cubre bocas, Seijiro guardó su arma y se acercó tendiéndole la mano, parecía una buena persona, de verdad iba a ayudarle, pero… ya era demasiado tarde para ella. Sujetó el encendedor para prenderlo, en eso Kaori se escapa de golpeándola en el rostro, Kaori corre hacia el policía y él la mira fijamente y en sus ojos puede ver el terror que siempre había visto desde niña.

Su boca, tenía una cicatriz en cada mejilla, al abrir su boca esta parecía que colgaba, podía verse hasta las muelas. Un grito desesperado por poner fin a todo, una llamarada y después… paz.

 

Seijiro al ver sus propósitos salió rápidamente de la habitación y de la casa, todo ardió hasta que los bomberos llegaron para apagar el incendio, la policía había acordonado el área y en la ambulancia estaban tratando a la Sra. Arisawa cuando su familia llegó y la abrazaron con ojos llenos de lágrimas, lograron rescatar el cuerpo carbonizado de Nakamura, o mejor dicho, Yukino, y después de eso, la voz de Saya se escucha detrás de él.

-          No podemos salvarlos a todos.

-          ¿De qué hablas?

-          Olvídalo, hiciste un buen trabajo, aunque no pudiste atrapar al criminal.

-          Eso quiere decir que no estoy contratado.

-          Mal, estás contratado.- él la mira confuso.- Salvaste a la mujer y ella no volverá a matar, aunque estarás en un periodo de prueba por un tiempo.

-          Me lo suponía.- dice sonriendo a medias.

-          Mañana te espero en el hotel, y espero que esta misma noche renuncies a tu trabajo.

-          No hay problema, jefa.

-          Llámame  Saya.

 

El sol se estaba poniendo, los tres iban en un auto con dirección a Kioto, Seijiro estaba conduciendo al fin un auto de lujo aunque extrañaba su antiguo auto. Todo había sido llevado al hotel donde se iban a quedar estos días, inclusive la motocicleta de Saya; al verla, ella estaba mirando el atardecer con sus anteojos puestos pero se le veía preocupada.

-          ¿Por qué esa cara?

-          Eh.

-          Debes estar feliz, el caso se cerró.

-          Bueno, eso creo, pero me quedé con varias dudas en este caso.

-          ¿Dudas?- dice Ami desde el asiento de atrás.

-          Mmm… te entiendo, yo también me quede con varias dudas en este caso.- suspira Seijiro.

-          Sí, la herida de la madre, su extraña actitud… no sé qué descubrió, o cómo, pero definitivamente ella sabía algo importante.

-          ¿Y qué le pasó al anciano?- se mete Ami de nuevo.

-          No se demostró que él haya matado a su esposa, así que por faltas de pruebas fue liberado.- responde Seijiro serio.

-          ¡Qué! Pero que injusticia.- refunfuña.

-          Quién sabe, tal vez el tipo sea castigado un día de estos, ya que nadie se escapa de la justicia divina.- dice Saya mientras se acomoda en su asiento para tomar una siesta.- (bostezo) Avísenme cuando lleguemos.

 

Esa noche, Amano Kochi estaba en su pequeña cabaña, una vela estaba encendida iluminando el altar, de repente esta se apaga, el anciano se inquieta ya que no hay ventanas abiertas, un leve escalofrío cruza por su espalda y al voltear, una mujer con un hermoso kimono blanco y rojo estaba en la puerta, con una segueta sucia en la mano, las sombras de la habitación cubrían su rostro y su negro y largo cabello caía por su espalda.

-          Ah… no…

Una sonrisa torcida aparece entre las sombras, y la mujer habla con una voz que se iba distorsionando hasta el final.

-          ¿Soy bella?

-          Ayako

-          ¿Soy bella?- dice levantando la segueta.

Un grito desgarrador se escucha por todo el bosque…  lástima que nadie lo escuchó.