Ruega, llora, grita… que nada servirá para salvarte de su ira.

 

Capitulo 2.

Leyenda.

 

La lluvia había sorprendido al detective Seijiro cuando llegó al hotel donde tendría que reunirse con Saya, un hotel de lujo de cinco estrellas. Bajo su brazo estaban los papeles que ella le había pedido, no fue cosa difícil conseguirlos. Llega a la habitación 500, la suite principal, toca la puerta y abre una chica de 15 o 16 años.

-          Usted debe ser el detective Yamada, si no me equivoco.

-          Si, busco a Saya.

-          Pase, por favor.- pasa y la ve con detenimiento, una chiquilla de 15 a 16 años, cabello castaño que le llega a media espalda, ojos azules, y muy linda, vestía con un sencillo vestido amarillo sin mangas. Al pasar ve a Saya sentada en la estancia de la habitación.- Traje lo que me pidió.

-          Me alegro, pero tome asiento, ¿desea algo?, té, café.

-          Un café.

-          Ami, trae un café, un té helado, y algo para ti.

-          Si.- la chica se dirige al mini bar. Trae las bebidas y se sienta a la derecha de Saya.

-          Bien, veamos que tenemos.- dice Seijiro y abre los archivos.

-          La descripción…- toma la imagen y la deja en la mesa.- Las muertes son interesantes, guardan cierto odio hacia los jóvenes…- le interrumpe Seijiro.

-          Está mal. Mató a una mujer, cómo entonces puede decir que…- ella golpea la mesa dejando el archivo ahí.

-          No me interrumpa.- dice de una manera fría.- Mire el archivo, la joven a la que mataron a su madre corrió por su vida ya que creyó que le seguía la mujer de las tijeras.

-          ¡Creyó!- espeta Seijiro.

-          Ami, dime qué ves.- la chica mira las fotos.

-          Es obvio que su objetivo son los jóvenes. La madre de seguro le estorbaba y no tuvo más remedio que matarla.

-          ¿De verdad están seguras de ello?- pregunta Seijiro incrédulo.

-          Bueno, no tan segura pero…- Ami vacila, pero Saya permanece firme.

-          Estoy segura en un 80%.

-          Mmh.- se enfurruña en su asiento.

-          No me lo tome a mal, pero es claro, tres adolescentes, una mujer que estaba acompañada de su hija a la que persiguió.

-          Cree que persiguió.- dice Seijiro.

-          Bien, cree que persiguió, pero cuando aparezca el próximo cadáver, estaremos seguros.

-          ¿Esperar? Crees que volverá a atacar.

-          No hay duda de eso, es inconsistente, no tiene control de sí misma y puede llegar a dañarse a sí misma si pudiera… pero tal vez ya lo está.

-          ¿A qué se refiere?

 

Uno de los hielos cae dentro del té, toma el vaso y da unos sorbos, el detective hace lo mismo y Ami está mirando fijamente a Saya mientras que los hielos de su limonada se derriten.

-          ¿Les gustan las leyendas?

-          ¿Qué? ¿Acaso esto es un juego?

-          No tiene porqué molestarse, sólo le hice una pregunta.- una sonrisa casi burlona aparece en su rostro.

-          … Conozco algunas.

-          Bien, existe una leyenda japonesa que ya ha sido olvidada por muchos. Se llama la leyenda de la mujer de la cara cortada.

Todo el ambiente se torna en silencio, Seijiro y Ami sólo esperan que empiece a hablar, ella da otros sorbos a su té y empieza la historia.

-          Según cuentan, existía una mujer muy bella casada con un samurái, ella era una mujer muy vanidosa y llegó a engañar a su esposo varias veces. Su esposo celoso y al saber de sus infidelidades, la tomó, la amarró de manos y pies y cortó su rostro de oreja a oreja.- traza con sus dedos la cortada que pudo haber sido.

-          Qué horror.- dice Ami llevando sus manos a su inocente rostro

-          Y todavía no acaba:

Cuando terminó él le dijo: “Y ahora quién te considerará hermosa ahora”.

Ella falleció tiempo después, tal vez se suicido al ver su reflejo en sus espejos porque decían que tenía espejos en toda su casa.

Dicen que se aparece en calles con niebla con parte de la cara cubierta y en su mano están las tijeras oxidadas que su marido usó para cortarle la cara. Si se te acerca y te pregunta si es hermosa, contestarás que sí, si es que contestas; pero ella se quitará lo que cubre su rostro y te dirá: “Ahora te parezco hermosa”. Si contestas que si, ella no te creerá y te cortará, pero si le dices que no… te matará de la forma más horrible que existe.

Calla y bebe de nuevo su te, Ami queda sorprendida por lo cruel de la historia y Seijiro, toma un poco de su café y le pregunta.

-          ¿Qué tiene que ver esto con el caso? Solo hallo en común que se involucran tijeras y que las dos están cubiertas de la cara.

-          Hace mucho tiempo… en los años 70, hubo una serie de asesinatos a niños y jóvenes. Nadie resolvió el caso. Hace poco, en el 2004, hubo otra serie de asesinatos, pero esta vez en Corea, la ola de terror duró poco, aunque sé que aún tiene alerta amarilla por eso.

-          ¿Crees que es el mismo asesino?- dice Ami. Su voz sonaba tan inocente que nunca creerías que diría la palabra “asesino”.

-          No, son parecidos, pero no son la misma persona; además creo que esta mujer se cubre el rostro por alguna razón… de seguro ha de tener el rostro desfigurado o simplemente es para guardar su identidad.

-          Tal vez tengas razón.- dice Seijiro.- Pero como tú dijiste, debemos esperar para que ataque.

-          ¿Y qué hay de la chica que se salvó?- pregunta Ami tomando un poco de su limonada.

-          Mañana iremos a verla.- dice Saya terminando su té helado.- Dejemos que descanse un poco y luego veremos qué dice.- Ami toma con sus dos manos su vaso de limonada y lo coloca en sus piernas.

-          Por cierto.- se dirige Saya a Seijiro.- Ella es Ami Taylor, tiene 16 años y trabaja para mí, ella es una chica dotada de grandes habilidades, es de nacionalidad Americana y Japonesa.

-          Mucho gusto.- tiende la mano a Ami.

-          Igual.- se saludan con un apretón de manos.

 

Avanzó la noche y dejó de llover. A altas horas de la madrugada, en una calle que está repleta de departamentos, hay una en especial, su dueña está despierta, todas las cortinas están cerradas; está cepillando su cabello en la oscuridad de su habitación, sólo su silueta se ve en el espejo. Empieza a jalar y a jalar su cabello con más fuerza, empiezan a escucharse sus gemidos, el grito ahogado de reprimir el llanto.

-          ¡Aaahh!- golpea el espejo con todas sus fuerzas y empieza a romper los grandes fragmentos con golpes de su cepillo, una y otra y otra vez… su maldición le seguiría, no importando lo que hiciera.

 

Ya era otro día, el agua de lluvia aún seguía en las calle pero el cielo estaba completamente despejado, y Saya y Seijiro estaban en la casa de la chica, su padre abre la puerta, está vestido de negro como acción de luto, los dos pasan y encuentran a la chica en la sala, su piel era pálida y con grandes ojeras y al igual que el padre vestida de negro; esa tarde iba a ser el funeral. Los dos se acercan a ella y su padre se sienta junto a su hija rodeándola con el brazo.

-          Queremos hacerte unas preguntas, si no te molesta.- dice Seijiro de forma lenta y clara.

-          Está bien…

-          De acuerdo, necesitamos aclarar algunos puntos, si te sientes incómoda en algún momento hazlo saber y pararemos el interrogatorio.- la chica mueve su cabeza lentamente.- Esa mujer, ¿la conocías de alguna parte, algún conocido?- negó con la cabeza.- ¿La reconocerías si la vieras de nuevo?

-          No…- Saya entra en el interrogatorio.

-          ¿Por qué estaban en el parque?- el padre responde.

-          Mi esposa tenía problemas de salud, el doctor le dijo que tenía que tener una dieta estricta y ejercicio. Ella y mi hija acordaron ir por las tardes al parque a correr ya que mi esposa hace el quehacer de la casa, mi hija estudia en las mañanas y yo trabajo hasta tarde.

-          Muy bien, otra cosa… sé que será difícil para ti, pero necesito que me hables de lo que pasó.

-          ¡Pero ya le dijo todo a los policías!- dice exaltado el padre.

-          Lo sabemos señor.- dice Seijiro tranquilizándolo. La chica le toma la mano a su padre, los dos se miran un rato y empieza a contar los hechos.

-          Fuimos al parque para trotar, mi mamá se cansa rápido pero había mejorado estas semanas… se cansó y me adelanté unos pasos para buscar un bebedero ya que no llevábamos botellas de agua como lo hacíamos siempre. Deje de escuchar sus jadeos… escuche un sonido extraño y cuando voltee…- la niña comienza a sollozar.

-          Sigue, por favor.- le ruega Seijiro.

-          Esa mujer estaba ahí, tan extraña… yo corrí y ella… ¡estoy segura que me perseguía porqué escuchaba pisadas atrás de mí!- se tranquiliza un poco cuando Saya le toma la mano.- Llegué a un lugar con más gente y grité y cuando voltee ella no estaba, había desaparecido.

-          Eso era todo.- dice Seijiro levantándose de su asiento.

-          Una última cosa.- dice Saya.- ¿Ella te dijo algo?- la chica se encoge más en el sofá y se acurruca en el brazo protector de su padre.

-          … Si.

-          ¿Qué, qué te dijo?

-          Que si me parecía bonita.

-          Y tú respondiste…

-          ¡No! ¡Corrí, corrí mucho!- rompe a llorar histérica y su padre la consuela.

-          Eso es todo.- Saya se levanta, les agradece a los dos y se marchan.- Una duda al respecto, Sherlock.- su tono de voz era burlón, aunque su rostro se mantenía serio.

-          No, pero tenemos que buscar a una mujer que haya sido herida del rostro. Investigaré en cada hospital y en la comisaría para ver casos relacionados con mujeres.

-          Para que llegara a ese estado de locura debieron haber pasado meses, quizás años. Nosotras investigaremos por la computadora si aparecen noticias de esa clase.- los dos suben al auto negro de Seijiro.- Este auto es incómodo y viejo.

-          Perdona, no tengo presupuesto para comprarme otro.- dice ofendido.

-          Pero pronto lo tendrás… ¡odio esto! Debía haberme traído mi moto…- halla un empaque de hamburguesa en el asiento y mira fijamente a Seijiro.

-          ¡No tengo tiempo para cocinar!

-          Ajá.

-          En serio.

-          Conduce al hotel y déjame, tú vuelve al cuartel…- los dos se marchan.

 

En todo el día buscaron por hospitales y preguntaron incluso a enfermeras, también en la comisaría donde no hubo muchos frutos.

En los noticieros ya tenían el dibujo de la asesina de las tijeras y las muertes hasta ahora que había cometido. Alguien en otro programa mostró a luz los asesinatos de los 70 y del 2004 en Corea, inclusive fueron entrevistados los jefes de policía de cada distrito, y nada de lo que dijeron tranquilizó a los televidentes. Y lo peor, es que se habló de la leyenda, y de la posibilidad de que fuera real.

La gente está asustada, temerosa de encontrarse a ese monstruo que tal vez no sea mortal… todos ruega por su vida.

 

Esa noche, Seijiro estaba en el hotel con Saya y Ami, los tres habían estado investigando pero no habían encontrado mucho.

-          Una mujer que sufrió una desfiguración por accidente de auto en el 96, otra fue golpeada por su esposo en el 2003 y fue a dar al hospital, una mujer fue quemada en el 99 y… hay varias mujeres golpeadas pero nada grave.- dice Seijiro decepcionado y molesto por no haber encontrado más. Ami estaba frente a una laptop, la deja a un lado y frota sus ojos.

-          No encontré nada en los hospitales ni archivos.

-          Lástima… pensé que sería alguien que sufrió un accidente o maltrato en los años anteriores.- Saya estaba mirando las noticias, todo acerca de “La asesina de las tijeras”. Apaga el televisor y vuelve a ver los archivos.

-          Quizás, te equivocaste en tu deducción, y no buscamos a una mujer maltratada.- dice Seijiro sentándose en el sillón.

Saya le ignoraba, había algo que estaba allí pero no veía, como algo tan simple que se le resta importancia porque uno sabe que está ahí, pero no puedes definirlo.

-          ¿Porqué  las niñas murieron de una forma más violenta?

-          ¿Qué?

-          La hermana mayor... sólo fue un golpe, pero con las otras dos fue algo más... puro odio, y con la mujer… fue rápido.- calla, se dirige a la ventana del hotel y mira el oscuro cielo.- ¿Qué es?- de repente se voltea hacia ellos.- ¿Cuál es la edad aproximada de la mujer?

-          ¿Qué?- dice confuso Seijiro.

-          ¿Cuál?- dice impaciente.

-          Aproximadamente entre 20 y 50 años o tal vez menos.

-          Bien. Ami, busca en periódicos noticias de hace 10 años que hablen de chicas o mujeres maltratadas o heridas de gravedad, después sigue hacia atrás año tras año, pero no te sobrepases, llega hasta 30 años atrás.

-          Si.- tomó de nuevo su laptop y empezó a buscar.

-          Ella debe estar ahí. Escondida en algún lugar. Y la encontraremos.

Pasaron horas, Ami encontró varias noticias, increíblemente era mucho el número de mujeres maltratadas.

Saya estaba revisando cada una y después de leerla la eliminaba. Ya era las 3:30, Ami estaba recostada en el sofá, Seijiro trataba de mantenerse despierto, sentado en el sillón, caminando por la habitación, pero sin quitar la vista de Saya.

-          Encontré algo.- Seijiro se levanta del sillón y va hacia ella.- 1989.-Niña es quemada con ácido en la cara, fue incorporada al hospital con serias heridas.

-          ¿Y su nombre?

-          Nakamura Yukino.

-          ¿Es ella?- pregunta incrédulo.

-          Déjame ver…- empieza a buscar más sobre la niña.- El padre… se creía que él fue responsable, aunque no tenían pruebas de ello ya que al parecer la puerta fue forzada y faltaba dinero y objetos de valor.- teclea un poco más.- El padre muere asesinado con un disparo en la cabeza en el 93.

-          ¿Crees que ella lo mató?

-          No lo sé… ella regresó con su padre, el supuesto atacante,  de seguro fue maltratada psicológicamente día tras día, en casa, en la calle, en la escuela. Y…- encuentra algo interesante en la noticia.- Ella desaparecio, la buscaron por meses pero nunca aparecio…

-          Y su madre, ¿qué hay de ella?

-          Su madre… no se menciona en ninguna noticia.

-          Tal vez murió.

-          Tal vez… pero no estamos seguros.- comenzó otra búsqueda.

-          1989-Mujer es atropellada en carretera… es identificada como Nakamura Misato.

-          Su madre. Y qué coincidencia, muere un par de días antes del ataque.

-          Espera, hay más, aquí dice que era de noche, la mujer apareció corriendo por la carretera, parecía herida del rostro; el automovilista no la vio y no pudo dar la vuelta… ¿Las heridas fueron provocadas por el choque?- pregunta Saya.- Quizás el conductor no vio bien.

-          La única forma de saber sería buscando en el archivo de la autopsia, pero esas cosas no se publican en una página de internet.- Saya voltea a verlo.

-          Es hora de que regreses al cuartel.- una sonrisa aparece en su rostro.

-          ¡A esta hora!

-          Es buena hora si no quieres que te sorprendan hurtando archivos de hace 20 años.

-          Ah… ¿esto espero si trabajo para ti?- dice con fastidio mientras tomaba su saco y se dirigía a la puerta.

-          Te pagaré bien.- se cierra la puerta.

 

Entrar al cuartel fue cosa fácil, casi no había nadie y el oficial que está vigilando el turno nocturno es un anciano que se lleva muy bien con Yamada. Entra y saluda al guardia que se encontraba tomando una taza de café.

Se dirige al almacén de archivos, un lugar repleto de cajas de diferentes años, de su bolsillo saca una linterna y empieza a buscar el año 1989, las encuentra en un estante, busca el nombre de Nakamura Misato. La búsqueda es exhaustiva, tardó casi una hora en buscar el año, y dos horas buscando la caja correcta. Cuando al fin la halló, abre los archivos para hallar la respuesta de la pregunta de Saya… su rostro fue cortado antes del accidente, un archivo cae de sus manos, lo recoge y ve algo interesante, toma los archivos y los acomoda dejando la caja semivacía en su lugar.

Sale de allí con varias archivos bajo el saco. Los policías empiezan a llegar, saluda a unos cuantos viejos amigos que le reconocen y sale a paso tranquilo de allí, saluda al guardia, se dirige a su auto y se marcha al hotel deseoso de contar lo que encontró y de tomar una buena taza de café, ya que todavía había mucho trabajo por hacer.

 

Al llegar al hotel Ami abre la puerta, destilaba un olor a jabón y estaba vestida con un vestido floreado.

-          Encontré algo que de seguro nos servirá mucho en el caso.- pasa y no ve a Saya en la estancia.- ¿Dónde está Saya?- en ese momento, una puerta se abre y sale ella secándose el cabello con una toalla, vestida con unos jeans negros y una blusa blanca.

-          Regresaste pronto, pensé que tardarías más.

-          Sí, pero necesito mostrarte algo.- le da los archivos y los revisa.

-          Buen trabajo… esto es más de lo que esperaba de ti.- todos van a la estancia y se sientan. Ami sirve el café y Seijiro toma la taza enseguida.

-          Aquí dice que Misato fue a visitar a su padre, un hombre ermitaño que vive por esa carretera. Pero nadie sabe cómo se hizo la herida en el rostro, interrogaron a su padre, buscaron un arma que coincidiera con la herida y nada, el hombre fue exonerado por falta de pruebas.- a Seijiro se le veía ansioso y Saya mira la taza de café por un rato.

-          Ami, ¿Le pusiste algo al café?

-          No es por el café, es por este caso, no sé es raro ya que no me comporto así…

-          Creo que te entiendo, pero te necesito calmado, sigue con tu reporte.

-          Bien, en este archivo dice que Misato cuando era niña fue quemada.

-          No me digas, el rostro.

-          ¡Exacto!- toma más café.- Así que se sometió a una serie de cirugías que le ayudaron. Pero según dicen los amigos y familiares, o sea, su esposo, ya que ella no tuvo hermanos ni ningún otro familiar; después de la cirugía, su comportamiento cambió, la veían tímida, retraída y a veces asustada.

-          ¿Pero quién le causó la herida?-pregunta Ami.

-          No se sabe, el padre dice que no fue él y no se demostró lo contrario.- termina su café.- ¿Puedo tomar más?

-          No creo que sea prudente.- dice Ami tomando la tetera.

-          Ami, no le des, no queremos que se le pare el corazón y nos culpen a nosotras.

-          Si, recuerdas el último que murió así.

-          No me lo recuerdes.- las dos sonreían macabramente.

-          Ustedes son raras.

-          Lo sabemos.- dice Saya y Ami asiente con la cabeza.- Bueno, ante esta evidencia, no tenemos otra opción más que ir a visitar al padre de Misato. Ami, tú te quedarás si pasa algo nuevo, nos mantendrás informados.

-          Si.

-          Seijiro, vamos, que el viaje es largo.

-          Si.- Saya toma una chaqueta negra y se dirige a la puerta con Seijiro que cortésmente la abre para que ella pase.

-          Espero que hayas limpiado tu auto.

-          ¿Quieres dejar a mi auto en paz?

 

El camino era largo, ninguno de los dos hablaba en el camino. Se detuvieron en un restaurante, Saya pidió un okonomiyaki  y Seijiro un plato de arroz y pescado frito.

-          Saya…

-          ¿Qué pasa?

-          Crees que fue ella, no es así.- ella toma un bocado, lo mastica y lo traga sin saborearlo.

-          Es lo más probable.

-          Ya veo… y si es ella, la atraparás y la encerrarás.

-          Si, es mi trabajo, aunque sea un alma perturbada, no puedo darme el lujo de meterla en un centro psiquiátrico y que mate a alguien más de adentro, o en el peor de los casos que escape.

-          Mmm.

-          Ella sabe que hace mal, lo demuestra por las muertes, ella quiere ver sufrir a su víctima.

Seijiro no tocaba su plato, pensaba en la niña quemada con ácido y en la madre que vivió con la cara quemada y que al recuperarse le pasó algo extraño a su persona y murió atropellada. Saya termina de comer, cuatro okonomiyakis, mira a Seijiro por un rato, Seijiro alza la vista y se encuentra con su mirada, unos ojos grandes e infantiles, pero que guardaban cierta oscuridad.

-          Sabremos toda la verdad, el porqué y cómo, no te preocupes.

-          Entendido.- Seijiro comió su plato en silencio.

-          Seijiro…

-          Si.- los dos se miraron un rato, en esa ella le sonríe y se levanta dejando la servilleta en la mesa.

-          Tú pagas.

-          ¡Eh!- pagó y se fueron.

Volvieron al camino, según el reporte, la choza donde vive el padre de Misato estaba en un camino terroso a lado de la carretera; tuvieron que entrar a pie.

 

Mientras tanto, en la ciudad, tres niños que salieron de la escuela estaban en una pequeña plaza, sentados en una arboleda sin nadie a su alrededor.

-          Que miedo, eso de la asesina de las tijeras.

-          Si, saben qué, yo ya me quiero ir a mi casa.

-          Yo igual, no quiero que me pase nada.

-          ¡Cobardes!- dice un niño sentado en la arboleda y con los brazos cruzados.

-          Yo no le tengo miedo a esa asesina, es más por mí se puede ir al infierno.

-          ¡Ya cállate no nos asustes!

-          Ustedes son un par de gallinas, yo no le tengo miedo a esa loca, esa mujer es una…- entre sus ofensas nadie se dio cuenta de una mano que se acercaba a la cabeza del niño hasta que lo tomó de los cabellos y le arrastró hacia atrás. Los dos niños gritaron al ver las tijeras que tenía la mujer en la mano, el niño que tenía sujeto estaba tratando de soltarse.

-          ¿Te parezco bonita?- dice la asesina. El niño deja de gritar y entre lágrimas contesta.

-          ¡Si, si usted es bonita por favor perdóneme!- ella ríe un poco, acerca su mano aún sujetando las tijeras a su tapabocas y se lo quita. Todos gritan de horror al ver su cara.

-          ¿Ahora te parezco bonita?- el niño gritaba y trataba de soltarse con desesperación y ella abrió las tijeras…

-          ¡Aaaaahh!

 

Al llegar a la pequeña choza, tocan la puerta, nadie responde, vuelven a tocar.

-          ¡Señor Nakamura!- Seijiro insistía varias veces.

-          No está… no debe estar lejos.- ella se acerca y abre la puerta.

-          Oye, no podemos entrar así a una casa.

-          Ajá, sólo lo esperaremos, no vamos a robar nada.

-          Mmm… bueno.- entran.

La choza estaba conformada por una pequeña cocina, el baño estaba afuera, el comedor y el cuarto de dormir eran la misma habitación, se notó por la pequeña mesa y el futon en el suelo, pero lo que hacía especial ese cuarto, era que en la pared estaba el kimono de una mujer, parecía de exhibición, un hermoso kimono blanco con rojo.

-          Esto es…

-          Inusual.- dice Saya.

No se dieron cuenta cuando atrás de ellos, un hombre apareció sin hacer ruido, estaba sujetando una segadora, una segadora cubierta de sangre.